La réplica del ballenero vasco San Juan

Texto por JULES STEWART Imágenes por ALBAOLA

En 1565, el ballenero vasco San Juan zarpó de Pasaia rumbo a la costa de Canadá. El barco no se volvió a ver durante más de 400 años. La nao de cincuenta y dos pies de quilla y 240 toneladas, una carraca de tres mástiles, se estaba preparando para su viaje de regreso al puerto vasco de Pasaia (Gipuzkoa,España) con un cargamento de aceite de ballena. Mientras se hacían los preparativos finales para su partida, el cable del ancla del San Juan se partió en una violenta tormenta, dejándolo a la deriva. La embarcación chocó contra la costa, fue tragada rápidamente por las olas y se hundió en el lecho marino de diez metros de profundidad. Fue precisamente gracias a las gélidas temperaturas del mar que el San Juan permaneció prácticamente intacto durante cuatro siglos.

En 1978, el Departamento de Arqueología Submarina de Parks Canada llevó a cabo excavaciones en el mar alrededor de Red Bay. Después de días de trabajo, uno de los buzos salió a la superficie y exclamó: “Creo que hay algo aquí”. De hecho, lo que el equipo finalmente descubrió fue el San Juan, enterrado bajo una gruesa capa de piedras de lastre y sedimento, con el casco partido como si fuera una de las ballenas que había venido a cazar.

“Procedieron a desmantelar la embarcación, pieza a pieza, unos tres mil elementos en total”, dice Xabier Agote, presidente del Museo-Astillero Albaola en Pasaia, donde se está construyendo una réplica exacta del naufragio más antiguo de Canadá. El San Juan se erigió como el pecio más importante del mundo de un barco comercial del siglo XVI. “Así que, en 1990, el San Juan se convirtió en el símbolo oficial del Patrimonio Cultural Subacuático de la UNESCO. Veintitrés años después, la propia Red Bay fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en reconocimiento a las décadas de trabajo para sacar a la luz una de las páginas más significativas de la historia marítima vasca.

 “Tenía dieciocho años cuando decidí convertirme en carpintero naval”, nos cuenta Agote. “Fui a los Estados Unidos para realizar una pasantía en el Museo Marítimo de Maine, con el objetivo de aprender a construir barcos de madera. Fue una experiencia enriquecedora, ya que también aprendí a apreciar las tradiciones marítimas del mundo. Esto es lo que me inspiró para construir una réplica del San Juan”.

Agote fundó Albaola en 1997 como una asociación cultural sin fines de lucro. Junto con un equipo de carpinteros, instaló una sede temporal en un pequeño astillero en Pasaia. La Diputación de Gipuzkoa ofreció a Albaola un gran astillero en desuso en el extremo del puerto, que hoy alberga el Astillero-Museo visitable denominado ALBAOLA, LA FACTORÍA MARÍTIMA VASCA.

En 2014, se pusieron a trabajar en la construcción de una réplica a gran escala del San Juan, que cuenta con el patrocinio de la UNESCO. El proceso de construcción ahora está muy avanzado, por lo que los visitantes podrán presenciar las etapas finales de la construcción durante los próximos años antes de que el San Juan navegue hacia América como una réplica fiel de un barco del siglo XVI, sin contar con ninguna tecnología moderna (motor, electricidad o comodidades).

El San Juan no es el único proyecto que los visitantes encontrarán en Albaola. La asociación ha creado Aprendiztegi, una escuela internacional de formación de carpinteros navales para la construcción de embarcaciones históricas. Cada año, seis nuevos aprendices ingresan para una formación gratuita de tres años. Todo lo que se requiere es entusiasmo y motivación. Albaola está buscando financiación privada para que la escuela pueda seguir ofreciendo formación gratuita. Los patrocinadores ayudarán a mantener vivo un hermoso oficio en peligro de extinción.